Leyenda de la Virgen de Urkupiña (Bolivia)

Leyenda de la Virgen de Urkupiña Bolivia Se dice que a finales del siglo XVIII, vivía en los alrededores de Quillacollo una familia de campesinos pobre, cuya única fuente de ingresos dependía de un reducido rebaño de ovejas que la hija menor se encargaba de cuidar. La niña caminaba todos los días una larga distancia hasta los pastizales ubicados en las colinas bajas del frente de la ranchería de Cota, más adelante del río de Sapinku, donde su rebaño pastaba y tomaba agua en abundancia.

Un día, una mujer desconocida con un hermoso niño en brazos llegó al lugar y comenzó a hablar en lengua quechua con la muchacha. Hablaron durante mucho tiempo. La señora le permitió a la pastorcita jugar con el niño en las aguas de una vertiente que emanaba de las rocas. A partir de ese momento, la mujer la visitó frecuentemente mientras el rebaño reposaba en los pastizales.

A sus padres les pareció extraño que de repente la niña tardara más de lo acostumbrado en regresar a la choza, por lo que le preguntaron la razón de su tardanza. La chica les contó acerca de sus encuentros con la mamita y el niño que bajaban a jugar con ella en las vertientes de agua.

Al escuchar la historia, sus padres sintieron preocupación y fueron varias veces al lugar para conocer a la mujer, pero no pudieron encontrarla. Un día, al ver que la mamita bajaba a su cita con ella, la niña se fue rápido a buscar a sus padres, quienes avisaron al sacerdote y algunos vecinos del lugar para que acudieran a ser testigos de la veracidad de la historia de la pastorcita.

La señora esperó un rato y al ver que la niña no aparecía, se levantó del lugar donde estaba para subir cuesta arriba el cerro. La muchacha, al darse cuenta de su presencia, comenzó a señalarla con el dedo mientras gritaba en quechua "Jaqaypiña urqupiña, urqupiña" (Ya está en el cerro). Aunque la mujer al llegar a la cima del cerro desapareció, los pobladores fueron testigos de una imagen celestial que se desvanecía entre los matorrales del lugar.

El sacerdote reunió a los habitantes del pueblo y se trasladaron al lugar del milagro, donde encontraron una imagen del prodigio, la cual trasladaron a la capilla de Quillacollo. Desde entonces, fue venerada con el nombre de la Virgen de Urkupiña por el pueblo de Bolivia, y sus milagros relatados por sus fieles han sido extraordinarios.



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