Gregorio Cárdenas "El estrangulador de Tacuba"

Gregorio Cárdenas El estrangulador de Tacuba Gregorio "Goyo" Cárdenas Hernández fue un asesino en serie mexicano condenado por la muerte de cuatro mujeres entre los meses de agosto y septiembre de 1942. Fue conocido como "El estrangulador de Tacuba" debido a que vivía en este popular barrio de la ciudad de México.

Nació en la ciudad de México en 1915. Cuando era bebé padeció una fuerte encefalitis, lo que influyó para que mostrará un comportamiento anormal, manifestándose una excesiva crueldad hacia los animales. También padecía de un problema en el esfínter que no podía controlar. En esta época se hizo notar su alto coeficiente intelectual, destacándose como uno de los mejores alumnos en su escuela.

Debido a un alto desempeño escolar en sus estudios de Química, a los 27 años fue becado por la empresa paraestatal PEMEX, donde comenzó a laborar mientras continuaba con su formación académica. Ya teniendo su propio ingreso económico, decidió dejar la casa de su madre y rentó un departamento en el famoso número 20 de la calle Mar del Norte.

Gregorio Cárdenas comenzó su carrera delictiva la noche del 15 de agosto de 1942, cuando salió en su automóvil a recorrer las calles. Contactó a la prostituta María de los Ángeles González "Bertha", de 16 años de edad, a quien se llevó a su casa. Después de disfrutar de sus servicios, Goyo la estranguló en el lavabo mientras la joven se enjuagaba la cara. Enterró los restos en el patio de su vivienda.

Una semana después asesinó a la joven prostituta Raquel González León, de 14 años de edad, a quien estranguló y sepultó en el patio. Meses más tarde, Raquel González apareció viva, por lo que la identidad de la segunda víctima no ha sido aclarada hasta el día de hoy. La hermana de Raquel murió de un infarto debido a la impresión que le causó la falsa noticia de la muerte de su familiar.

El 29 de agosto recogió a Rosa Reyes Quiroz, quien se negó a acostarse con Goyo debido a que su departamento estaba sucio y en desorden, por lo que la mató mientras la chica se encontraba distraída mirando el instrumental químico del homicida. Fue enterrada en el patio junto a los otros cuerpos.

Su última víctima fue Graciela Arias Ávalos, una estudiante de la UNAM e hija de un reconocido abogado penalista de la ciudad de México, de la que Gregorio estaba enamorado. Los hechos ocurrieron cuando abordo de su auto Goyo intentó besarla a la fuerza, la joven lo rechazó y le dio una bofetada, enfureciendo al criminal, quien comenzó a golpearla hasta matarla. Sus restos fueron enterrados junto a las otras víctimas.

Completamente desquiciado, Gregorio Cárdenas llamó a su madre y le dijo que lo internara porque había perdido completamente la razón. Días después fue detenido y se hizo pasar por loco, pero fue obligado a confesar sus crímenes. Finalmente condujo a la policía hasta el patio de su casa, donde fueron desenterrados los cadáveres. Durante la revisión de la vivienda se encontró el diario del homicida, la cuerda con la que cometió los asesinatos y la pala con la que enterró los cuerpos.

Fue condenado y recluido en la cárcel de Lecumberri, de donde fue indultado por el presidente Luis Echeverría en 1976. Ya en la vida civil, disfrutó de gran fama y fue homenajeado en la cámara de diputados como un ejemplo de rehabilitación del sistema penitenciario mexicano. Murió a los 84 años.



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