Los fantasmas del hipódromo de Maroñas (Leyenda de Uruguay)

fantasmas hipódromo MaroñasLos fantasmas del hipódromo de Maroñas es una leyenda de Uruguay. Cuenta la extraña historia que vivieron cuatro amigos una noche cuando caminaban por las calles del barrio de Maroñas, ubicado en el noreste de la ciudad de Montevideo.

Se dice que por la madrugada, los jóvenes regresaban alegres de una fiesta. Se encontraban tan cansados que decidieron acortar el camino a casa, saltándose la barda del complejo de Maroñas para atravesar las instalaciones del viejo hipódromo. Cuando cruzaban por la pista de carreras, escucharon a lo lejos los cascos de un caballo que parecía caminar hacia ellos. Por un momento dejaban de escucharse los pasos del animal, pero enseguida volvían a sentirse con más fuerza. Llegó el momento que el sonido se escuchaba a velocidad de galope.

Los jóvenes se asustaron y aunque no veían a nadie, comenzaron a gritar en medio de la oscuridad al supuesto jinete. Cada vez que gritaban con dirección a dónde provenía el sonido del caballo, este se perdía y comenzaba a escucharse en otro lado. De repente, sonó un fuerte relinchido. Llenos de terror corrieron hasta la barda más cercana y salieron del lugar.

Durante algunos días, los chicos trataron de encontrar una explicación lógica a lo vivido en el hipódromo. Creyendo que la experiencia había sido influida por la borrachera del día de la fiesta, decidieron regresar al lugar a la misma hora.

Cuando llegaron todo se encontraba en calma. Después de unos minutos volvieron a escuchar los cascos de caballo, aunque en esta ocasión eran varios animales y se sentían relinchando muy fuerte a velocidad de galope. El ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo demoníaco. Los jóvenes enloquecieron tanto que corrieron hasta perder el camino.

Llenos de terror se encontraron con un viejo vigilante del lugar, quien amablemente los ayudó a serenarse pidiendoles que le contaran lo sucedido. Al escuchar la historia, el anciano sonrió y les dijo a los muchachos que él había escuchado esos ruidos muchas veces durante sus años de trabajo en el hipódromo.

El anciano les dijo que se trata de almas de caballos lesionados de gravedad durante las carreras, los cuales después eran ahogados por los peones en una piscina que había tiempo atrás. Las almas de los nobles animales de esta manera reiniciaban la interminable carrera con la que habían encontrado la muerte.




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