La Sayona (Leyenda de Venezuela)

Leyenda de la Sayona La Sayona es una leyenda proveniente de los llanos venezolanos que cuenta la trágica historia de una mujer espectral vestida de blanco, la cual se aparece para castigar a los hombres infieles. La narración data de la época colonial y a lo largo de los siglos han sido registrados infinidad de versiones de encuentros con este personaje de la cultura popular de Venezuela.

Se dice que en la época de la colonia vivió en la región de los llanos una hermosa mujer llamada Casilda, quien se destacaba en la zona por su elegante apariencia, enmarcada por una gran estatura y una bella y larga cabellera negra que caía sobre su espalda.

Casilda contrajo matrimonio con un hombre del pueblo que se desvivía por atenderla y tratarla como a una reina, además de ser en la comunidad un hombre respetado por su bondad y buen corazón. Después de un tiempo de matrimonio la pareja tuvo un hermoso hijo; aunque no todo era felicidad, ya que la bella joven tenía un gran defecto, celaba demasiado a su esposo.

Se cuenta que en el pueblo también vivía un hombre mujeriego y mentiroso que pretendía a Casilda a pesar de estar casada, el cual la espiaba todos los días mientras ella nadaba desnuda en el río, hasta que un día ella descubrió a aquel hombre que la miraba con morbosidad desde los matorrales.

Llena de cólera, la hermosa muchacha se dirigió al hombre y le dijo: ¿Qué haces aquí espiándome? Aunque de ti me lo podía esperar", a lo que el morboso hombre le contestó con una fatal mentira "No estoy espiando, yo vine a advertirte que tu hombre te esta cambiando por otra, tu marido te esta traicionando con tu propia madre".

Casilda enloquecida por los celos corrió rumbo a su casa y encontró a su inocente esposo dentro de ella, acto seguido le prendió fuego al inmueble y permaneció impasible contemplando como el fuego comenzaba a arrasar con todo lo que había dentro, incluidos su esposo e hijo, quienes gritaban aterrados pidiendo ayuda. Cuando la gente de la comunidad llegó en su auxilio ya era demasiado tarde y Casilda ya no se encontraba en el lugar.

La enloquecida mujer se trasladó a la casa de su madre para echarle en cara el haberla engañado con su marido, y a pesar de la negativa de la desconcertada señora, ésta tuvo que salir corriendo hacia el patio de su casa, aunque no le valió de nada porque su hija la alcanzó y le dió tres machetazos en el vientre.

La inocente señora con sus últimas fuerzas la maldijo diciendole "Yo no hice nada y jamás te mentí, pero tú cometiste el peor de los pecados y yo te condeno: Sayona serás para siempre, y en nombre de Dios, que así sea".

A partir de ese momento se dice que la figura fantasmal de una bella mujer vestida con una túnica blanca se le aparece a los adúlteros, dejando que la admiren y pretendan; para después con una aterradora sonrisa mostrarles unos largos colmillos, desapareciendo segundos después. Esta aparición es interpretada como una señal de castigo para los hombres transnochadores e infieles.




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