Pachamama, el castigo de la madre tierra (Leyenda de Argentina)

Pachamama, el castigo de la tierra Cuenta la leyenda que Hilario y su hijo tenían por costumbre cazar guanacos, vicuñas y llamas; casi siempre más de los necesarios, por lo que los animales sobrantes los vendía en el pueblo; todo esto a pesar de saber que la Pachamama, o sea la madre tierra, no permitía a los hombres que cazaran sus
animales por placer, y menos que mataran a las madres de las manadas.

Un día Hilario fue a cazar y la Pachamama les dio un aviso, haciendo retumbar la tierra y produciendo derrumbes en los cerros; padre e hijo trataron de protegerse en una saliente del cerro pero la mula se empacó y se fue acercando a la orilla hasta vencer las fuerzas de Hilario, cayendo el noble animal al abismo; siendo este el primer cobro de la Pachamama.

Al terminar el temblor volvió el silencio a las peñas. Los viajeros estaban asustados contemplando al mular al fondo del precipicio y solo alcanzaron a reaccionar para correr a hacerle una ofrenda a la madre tierra con la finalidad de calmar su enojo. Enterraron algunas de las cosas que llevaban como ginebra, coca y un cigarrillo; le hablaron en voz baja, con mucho respeto, pidiendole perdón, buenas cosechas y muchos animales.

Hilario le pidió permiso para seguir cazando. Los vecinos del pueblo también oraron a la Pachamama y hasta ofrecieron en sacrificio una llama en su honor. Cuando el hombre estaba convencido de tener permiso para seguir cazando, se internó en los cerros solo. Luego de la cacería Hilario regresó a su rancho y no encontró a su hijo que había salido a juntar las cabras. Preguntó a la gente del pueblo pero nadie sabía nada.

Rastrearon las huellas del muchacho por todos lados sin ningún resultado. Al finalizar la tarde fueron encontradas las cabras muy lejos del caserío. Los días fueron transcurriendo hasta que finalmente Hilario se resignó y dejó de buscar a su hijo.

Una madrugada, unos arrieros que bajaban al pueblo divisaron a lo lejos al hijo de Hilario que cabalgaba sobre un guanaco guiando a la manada; los hombres daban la impresión de estar viendo a un fantasma. El muchacho iba vestido con pieles y desapareció en la neblina del monte junto con los animales.

La Madre tierra volvió a cobrarse una deuda al llevarse al único hijo de Hilario, a cambio de los animales que él había matado innecesariamente. Los arrieros le dijeron a Hilario lo que habían visto y este comenzó a realizar ofrendas a la Pachamama, quien no le ofreció buenas cosechas, pero tanto y tanto debió orarle y tan verdadero debió haber sido su arrepentimiento, que al cabo de unos años Hilario se vio bendecido con otro hijo, al cual le inculcó un profundo respeto por los animales y la tierra.




© 2013-2017 Leyendapopular.com. Algunos derechos reservados.