La tragedia de Armero en Colombia

El 13 de noviembre de 1985, en el departamento de Tolima, en Colombia, tuvo lugar después de 69 años de estar inactivo, una erupción del volcán "Nevado del Ruíz", la cual derritió casi un díez por ciento del glaciar que se encuentra en la montaña, formandose cuatro flujos que descendieron del volcán a una velocidad de 60 km/h, causando un impresionante destrozo a su paso.

Los flujos alimentaron a los seis ríos situados en las faldas del "Nevado del Ruíz" y arrasaron el poblado de Armero, el cual se localizaba a 50 kilómetros del volcán, dejando aproximadamente 20 mil muertos de las 29 mil personas que habitaban en Armero. Aunque personas que murieron en otros poblados que también recibieron el impacto de los flujos volcánicos, elevaron la cifra de mortandad a 23 mil.

Los gases, el humo y las cenizas alcanzaron una altura de 15 kilómetros, lo que ocasionó cambios climáticos en la zona centro de Colombia y alteraciones en la ecología en el 60 por ciento del territorio colombiano.

El volcán había comenzado a tener emanaciones desde aproximadamente un año antes de la tragedia, a lo que siguieron trepidaciones cada vez más fuertes y más frecuentes. Las autoridades locales habían trazado un plan de emergencia por si se presentaba alguna contingencia, pero finalmente de nada sirvió, dada la magnitud de las explosiones volcánicas.

Dos meses antes las autoridades pretendían llevar a cabo la evacuación del lugar, para lo cual se elaboró un mapa de riesgo, el cual no tuvo una distribución apropiada y no llegó a ser visto por la mayoría de las personas que se encontraban en la zona de riesgo.

La gran cantidad de lodo y barro que había en el lugar dificultó las labores de rescate; los rescatistas pudieron llegar a la zona de Armero doce horas después de la explosión; muchas de las personas que habían quedado gravemente heridas ya habían muerto para entonces. Debido a que esta tragedia ocurrió dos meses después de la tragedia del Terremoto de la ciudad de México, el envio de ayuda internacional tenía la limitante de que tenía que ser repartida entre los dos desastres ocurridos.

Los miles de cadáveres recuperados de la tragedia fueron sepultados en fosas comunes, para de esa manera poder evitar epidemias. Los sobrevivientes fueron reubicados por las autoridades colombianas.

Quedó plasmado en la memoria mundial como símbolo de ésta tragedia, el momento de agonía de una tierna niña de pelo ensortijado, llamada Omaira Sánchez Garzón, de 13 años de edad, la cual quedo sumergida y atrapada entre las piedras, el mundo fue testigo de como después de 60 horas de lenta agonía, finalmente falleció victima de una gangrena gaseosa; aunque en ese tiempo, fue capáz de enviar mensajes de fe y esperanza.





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