Terremoto de la ciudad de México en 1985

El 19 de septiembre de 1985, a las siete de la mañana con 19 minutos, la ciudad de México se estremeció con un sismo trepidatorio que alcanzó una magnitud de 8.1 grados, el cual se prolongó por más de dos minutos, sintiendose en el centro, sur y occidente del país. El epicentro fue ubicado en la costa del estado de Michoacán, a 15 kilómetros de profundidad.

Este terremoto ha sido el más devastador en la historia de México, junto con la réplica que se sintió al día siguiente a las 19:37 hora local, misma que alcanzó una magnitud de 7.5, teniendo su epicentro cerca de Zihuatanejo, en el estado de Guerrero.

Jamás se supo el número exacto de muertos debido a la censura impuesta por el gobierno, aunque las cifras oficiales años después manejaban aproximadamente díez mil victimas mortales. Inicialmente el gobierno mexicano se negó a aceptar la ayuda internacional, pero al ver que la situación los rebasaba, finalmente decidieron aceptarla para enfrentar la catástrofe.

Ante semejante cantidad de fallecidos, tuvo que utilizarse el estadio de beisbol del Seguro Social como depósito de cadaveres para que las personas pudieran reconocer a sus familiares. Se estima que alrededor de cuatro mil personas fueron rescatadas aún con vida de entre los escombros, algunos rescates se lograron hasta díez días después de ocurrido el primer terremoto.

Dentro de lo caótico de la situación y la desesperanza que privaba en ese momento, el país tuvo el consuelo de disfrutar de un momento de alegría con el emblemático rescate de "Los bebés del milagro"; niños recien nacidos que al momento del sismo se encontraban en el interior de hospitales que se habían derrumbado; especialmente el rescate de los tres bebés que constituyeron "El milagro del Hospital Juárez", los cuales estuvieron entre los escombros durante siete días completamente abandonados, sin cuidados ni comida ni bebida; a pesar de esas adversidades, pudieron sobrevivir a la tragedia.

La población civil se organizó como pudo para brindar un gran apoyo en esos momentos de emergencia nacional; dada la falta de reacción inmediata del gobierno mexicano, los ciudadanos tomaron en sus manos las labores de rescate; improvisaron estaciones de auxilio, se formaron interminables cadenas de personas para quitar piedra por piedra donde se creía que podría haber personas atrapadas aún con vida, la gente prestaba sus autos para que sirvieran de vehículos de apoyo y se organizaron brigadas de estudiantes para prestar ayuda, entre infinidad de iniciativas mostradas por el pueblo de México.

Se cayeron muchos edificios emblemáticos de la ciudad de México y muchos quedaron parcialmente dañados y tuvieron que ser derrumbados posteriormente para no correr el riesgo de que se cayeran.

Han pasado varias décadas de ese negro momento en la vida de México; el país se repuperó y la vida continuó su rumbo, pero ha quedado grabado en la memoria popular como un símbolo de aliento y de esperanza para un pueblo que enfrentó una catástrofe de esa magnitud.




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