La Madre de los Rios y los Arroyos (Leyenda de Argentina)

Cuentan que a más de 6 mil metros de altura, en la cima del monte Aracar, vivía una bella mujer, poseedora de una larga cabellera dorada que caía hasta su cintura.

Muchos cazadores y arrieros la habían visto, pero nadie había hablado con ella. Se cuenta que la hermosa mujer siempre andaba acompañada de una corzuela blanca, la cual caminaba con ella cuando iba al río a lavar su cabellera o andaba por los caminos de la quebrada.

En un periodo en el que la sequía había terminado con el agua de la quebrada; la mujer, al sentir la tristeza y los lamentos de los pobladores por la falta del vital líquido, comenzó a caminar entre las nubes para bajar al valle y ver que estaba sucediendo. Se dice que al bajar la bella mujer, dejó a su corzuela entre las peñas.

Un cazador de guanacos y vicuñas, tentado por el diablo, vió a la corzuela y se acercó sigilosamente a ella, cuando la tuvo cerca, disparó al animal hiriendola de muerte y retumbando el sonido por todos los caminos de la cañada. El pobre animal corrió desesperado y cayó al vacio, muriendo entre las piedras del terreno de abajo.

Cuando la mujer de dorada cabellera regresó a su hogar y no vió a su compañera, presintió que algo le había pasado. Comenzó a buscarla, hasta que la vió tirada sin vida en el fondo del cañadón; la tomó entre sus brazos y la trasladó hasta la cima del monte Aracar.

Al llegar, la diosa dorada comenzó a llorar sin parar durante mucho tiempo; sus ojos se convirtieron en dos fuentes de agua inagotable y sus cabellos en ríos y arroyos que lavaron la sangre de la corzuela y sirvió para que los habitantes de la comunidad pudieran poner fin a la sed ocasionada por la sequía. De esta manera nacieron los ríos, arroyos y manantiales.



© 2013-2017 Leyendapopular.com. Algunos derechos reservados.